Un limpiador facial es un producto creado para retirar las impurezas y restos de maquillaje del rostro. Lo ideal es que contengan componentes suaves y no irritantes para que no alteren la barrera protectora de la piel.

Muchas personas pasan de él, y prefieren usar una barra de jabón corporal o incluso, algún jabón antibacterial que tengan al alcance. Y aunque momentáneamente, cumplan la función de “lavar” el rostro, a largo plazo están causándole un daño irreversible.

La médica Adriana Fandiño, especialista en dermatología, brindó a través de DoctorBlog, uno de los mejores tips para el cuidado de la piel así como consejos para escoger el limpiador facial ideal.

Jamás usar jabones antibacteriales

La especialista en dermatología, recomienda un truco que le sirve a todos los tipos de piel y a las personas de todas las edades. “Ayuda en el 99% de los casos”, menciona. Y se trata nada más y nada menos que “no usar jabones antibacteriales, ni en las manos, ni el el cuerpo y mucho menos en el rostro”.

En principio, porque no hay pruebas científicas que demuestren que los jabones antibacteriales sean más efectivos a la hora de combatir los microorganismos que los jabones tradicionales o el agua.

Por otro lado, porque tener contacto con algunas bacterias es necesario para que el sistema inmunológico tenga defensas. La especialista indica que si nos lavamos constantemente la piel con jabones antibacteriales nos hacemos más propensos a sufrir alergias, que se ven como rojeces, poros dilatados, granitos, etc.

¿Cuál es el mejor limpiador para el rostro?

El limpiador facial ideal debe tener un pH neutro

“Todos los elementos de la naturaleza son alcalinos o ácidos. Por ejemplo, el jugo de limón es ácido. La alcalinidad es lo contrario a la acidez. La unidad de medida para saber si algo es ácido o alcalino es el pH, que significa potencial de hidrógeno”.

Fandiño explica que la piel tiene una capa conocida como el manto ácido que tiene un pH ligeramente ácido. Esto la protege de bacterias y la mantiene en su estado óptimo. Por lo que los jabones ideales deben tener un pH parecido al de la piel.

Al usar jabones de cuerpo (que generalmente tienen un pH alcalino) en la cara, estamos alterando el estado óptimo de nuestra piel, lo que puede producirnos irritaciones o una invasión de gérmenes patógenos.

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No debe tener estos componentes

Está comprobado que los jabones con componentes como Triclosán y Triclocarbán, tienen gran facilidad para penetrar al organismo e incluso llegar al torrente sanguíneo.

La institución estadounidense Food and Drug Administration (FDA) advirtió sobre los daños de los productos que tienen estos componentes; sin embargo, la mayoría de jabones que encontramos en el mercado aún los tienen.

Las consecuencias de usar este tipo de jabones no solo se aprecian en la apariencia de la piel. Se sabe que pueden afectar los niveles de estrógeno y testosterona, así como las hormonas tiroideas.

Debe respetar las características de tu tipo de piel

Es importante que escojas un limpiador adecuado para tu tipo de piel. Recuerda que lo que funciona para una piel seca no necesariamente es la mejor opción para una grasa o mixta.

Aquí, algunos limpiadores faciales recomendados por especialistas en dermatología, que son buenos en relación calidad-precio y que cumplen con todas las características anteriormente mencionadas.

Piel seca

Cerave, Hydrating Cleanser

Piel grasa

Bioderma, Sébium Gel moussant

Piel mixta

Neutrogena, Gel de Agua Hydro Boost

¿Qué pasa si no me lavo la cara?

Lávate la cara incluso si no usas maquillaje por el día, ya que la piel igual se ensucia, ya sea con aceites que el propio cuerpo segrega o con la polución externa. Todo esto obstruye los poros, pudiendo causar imperfecciones y acné.

¿Qué pasa si me lavo la cara varias veces al día?

Lavar la cara tres veces o más al día puede ser muy peligroso para la salud de tu piel. Puede causar descamaciones, rojeces, alergias, etc. Los expertos recomiendan solamente un lavado, o, como mucho, dos al día. El exceso de agua y productos de limpieza puede deshidratar la piel e incentivar una mayor producción de sebo. ¿El resultado? Una piel opaca y reseca con apariencia muy grasosa.

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